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El Padre Sardiña

“EL SACERDOTE COMANDANTE”

 

 

Guillermo Isaías Sardiñas Menéndez nace el 6 de mayo de 1917, en Sagüa La Grande. Descendía de una familia de modestos recursos, humilde y de raíces católicas. Comienza sus estudios en el colegio Sagrado Corazón de Jesús de su ciudad.

 

A los 12 años, mediante carta dirigida al Vicario General de Cienfuegos, le expresa su deseo de estudiar la carrera eclesiástica; decisión que no sorprende a la familia, pues desde muy pequeñito, siempre decía que quería estudiar para cura.

 

Su firmeza le hace alcanzar ese objetivo; lograingresar en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio en La Habana; allí estaría desde 1929 hasta 1933. Es en este recinto, donde comienza aflorar sus inquietudes sociales y más tarde políticas. En total desacuerdo con el Presidente Gerardo Machado.

 

Después pasa a estudiar en el Seminario de San Basilio el Magno, perteneciente a la archidiócesis de Santiago de Cuba. Se gradúa de Teología en 1936 a la edad de 19 años. Recibe la prima clerical tonsure y oficializa el inicio de su condición sacerdotal en la iglesia catedral de Santiago de Cuba.

 

Es seleccionado para cursar estudios superiores en la Universidad Gregoriana de Roma.Cursa durante 5 años, la licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad Gregoriana de Roma, que termina con acierto. A finales de 1941 regresa de Italia, debido al estallido de la Segunda Guerra Mundial.

 

Es ordenado presbítero en la Catedral de Cienfuegos, lo que sin duda le marcó para siempre;su primer destino fue el 20 de abril de 1942, como cura párroco de la iglesia parroquial de Corralillo,en Las Villas.Una zona más, en que los trabajadores del campo sufren la injusticia, la incomprensión y la explotación. Consecuente con su origen humilde, afronta resueltamente y generosamente su misión, donde actuaba siempre con modestia y sencillez.

 

Su trayectoria continúa después por las iglesias de Palmira, Vueltas, El Jíbaro en la Sierra del Escambray. Comunidades todas muy humildes; pero que les hace insertar entre las clases más pobres, permitiéndole ejercer su bondad y honestidad innata, su amor por el prójimo desvalido y, al mismo tiempo vivir y sentir cual inhumano e injusto era el sistema socio-económico prevaleciente de aquellos años de la República.

 

Es la etapa fortalecedora de sus convicciones cristianas y sociales. Físicamente delgado, de apariencia frágil, modesto, un poco tímido y sensible, respetuoso y totalmente desinteresado; a su vez, es apasionado y enérgico en sus criterios, constante en sus objetivos y de gran valentía personal.

 

Es un fuerte crítico del fariseísmo de algunos ricos que se dicen cristianos y explotan a los pobres. Lo mismo lo plantea francamente desde el púlpito de sus iglesias en sus homilías, como en la calle cuando se le ve en comunicación directa con la población. Es un luchador tenaz contra la discriminación social, racial y de la mujer, así como defensor de sus derechos. Nada le impide visitar en sus hogares a trabajadores con inquietudes progresistas. El padre Sardiñas no se ocultaba y expresaba públicamente su admiración por Antonio Guiteras, y simpatía por Eduardo Chibás.

 

Es un constante animador de proyectos sociales, educacionales, culturales y deportivos en las comunidades por donde transita. Nadie y nada le impide estar en contacto directo con la población, visita sus hogares, se interesa de sus problemas económicos, sociales y salud, comparte y consuela sus vicisitudes, realiza colectas para muchas familias necesitadas, hace bautizos, comuniones, bodasy entierros sin cobro alguno y organiza actividades para recrear a los jóvenes. Le decían, “el cura de los pobres”. Sardiñas se ganó el corazón de aquellos marginados y desclasados a quienes la sociedad los situó en un extremo.

 

Le gustaba participar en los juegos de beisbol tanto con niños, jóvenes y mayores; jugar al dominó; montar a caballo;el baile; la música; el cine. Se le veía en todas partes, siempre preocupado por las necesidades de la población y atrayéndola hacía el camino de Dios. Personas que nunca entraron en una iglesia, lo hacían ahora.

 

Tanto es su participación y preocupación por el pueblo de Palmira y de los campesinos, que siempre se sintieron olvidados por los políticos de la zona; vieron en el párroco la salvación hacia una vida mejor.Acepta de los feligreses la propuesta de candidatura para alcalde y para representante en la Cámara durante su tránsito presbiteral por el pueblo, que le fue denegado por el Obispo de Cienfuegos.

 

Más tarde, encabeza un movimiento de protesta de jóvenes sacerdotes cubanos contra el arbitrario manejo del escalafón de promociones parroquiales en la jurisdicción de ese mismo obispado, que favorecían a los extranjeros; ignorando a los cubanos a pesar de contar con títulos académicos destacados.

 

No lo consideran e ignoran sus reivindicaciones; entonces apela al palio cardenalicio de La Habana. Después de una espera interminable, es nombrado párroco de Quivicán, desde donde atendía también la iglesia de Alquízar. En este período, matricula la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana, donde cursa los tres primeros años.

 

Más tarde, el 27 de febrero de 1954 llega a Isla de Pinos; ha sido designado párroco de la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores en la ciudad de Nueva Gerona. Ya en ese tiempo, el grupo de participantes en el ataque al cuartel Moncada, guardaban prisión en el Presidio Modelo desde octubre de 1953.

 

El padre Sardiñas no había perdido su forma de ser, continuaba relacionándose con las personas sencillas del pueblo. Salía bastante a la calle y siempre se le podía ver caminando por las calles de la ciudad.

 

Visitaba a muchas familias de la ciudad preocupándose y ayudándolos con sus propios recursos personales, hacía obras de caridad y de beneficencia a niños pobres y personas necesitadas, impartía clases a personas que no sabían leer y escribir.

 

Iba mucho al Café Virginia y al bar Moré a conversar con los usuarios,jugaba cubilete y dominó, conversaba de política y de los problemas sociales, gustaba escuchar y atender a todos aquellos que le contaban sus calamidades.

 

Sin embargo, su trabajo como sacerdote dentro de la iglesia lo cumplía formalmente.Tanto es así, que mucha gente simpatizaba con él y afluían personas creyentes de otras religiones y no creyentes a las misas que oficiaba a lleno completo, pues en sus sermones siempre insinuaba su crítica al sistema político y social.

 

La ubicación del Presidio en la isla, obligabair a muchos familiares de los presos que se trasladaban desde otros lugares de Cuba para visitarlos, un domingo al mes. Buscaban protección y ayuda durante sus estancias en la Isla. El párroco los atendía, escuchaba y ayudaba a la medida de sus posibilidades. Muchas personas comieron y durmieron en las instalaciones de la parroquia.

 

En aquellos días, ser familiar de un moncadista significaba un cierto rechazo por parte de algunas personas temerosas de alguna represalia del gobierno y por sus vínculos familiares por los que atendían el presidio. A Sardiñas no le importaba tener esas relaciones con los familiares de los presos; es más, cuando terminaba de oficializar las misas, las buscaba y preguntaba por ellos.

 

Se fue interesando por los sucesos del ataque al cuartel Moncada, se indignaba y estremecía las historias contadas por muchos de los familiares y amigos de los presos; como: la familia de Jesús Montané Oropesa, que residía en Nueva Gerona y su madre Zenaida que pertenecía a la Asociación de Maestras Católicas; la familia y la madre de Juan Almeida, Rosario Bosque, que vivían en La Habana y visitaban a su hijo un domingo al mes; Mariano Rives, cajero del Banco Continental y amigo del padre Sardiña; así como otros familiares y residentes. En torno a él, se fue formando un grupo que se implicaban cada vez más y en tener contacto con algunos presos.

 

El padre Sardiñas nunca tuvo una relación directa con los moncadistas que estaban presos; aunque siempre cooperaba económicamente y colaboraba en todo y dispuesto ayudar sin condición alguna en tareas de la clandestinidad, exponiendo su reputación e incluso, su vida. Los servicios religiosos del Reclusorio Nacional eran atendidos por un grupo de sacerdotes que venían desde La Habana los fines de semana.

 

El 15 de mayo de 1955 excarcelan a los moncadistas. Y es cuando comienza a estructurarse el Movimiento Revolucionario 26 de Julio. En su sacristía recibía a numerosos militantes, que le hacen incorporarse a una célula de dicho Movimiento. Su sentimiento de rechazo a las diferentes injusticias sociales del momento, le hace simpatizar y luchar por una sociedad más justa.

 

Después del desembarco, ya tenía sus ideas políticas definidas, pues siempre en sus sermones desde el púlpito condenaba la tiranía y simpatizaba claramente con el proceso revolucionario, no ocultando su pensamiento a los feligreses y al pueblo pinero. Todo el mundo conocía su modo de pensar.

 

Las autoridades políticas, civiles y religiosas del momento sabían de sus sermones en sus oficios religiosos, de su posición crítica al régimen, de su sinceridad y entrega al desfavorecido y perseguido, pero era respetado y temido a su vez; que permitían esos excesos del cura, antes que detenerlo; pues si actuaban contra él en esos momentos, temían que hubiera sido otro escándalo social y político en el país. No se imaginaron jamás, que el padre Sardiñas decidiera subir a la Sierra Maestra tiempo después.

 

Roberto Más, uno de los fundadores del Movimiento 26 de Julio en Isla de Pinos; Magaly Montané Oropesa, jefa del Movimiento, junto con Melba Hernández y otros compañeros deciden aprobar la decisión del padre Sardiña, que con sus cuarenta años de edad, se una al incipiente y pequeño contingente de combatientes cuya suerte se desconocía en aquel instante para ayudar espiritualmente a todos los cubanos implicados en esa lucha libertadora en Palma Mocha, Sierra Maestra, el 8 de julio de 1957. Hacía 8 meses de iniciada la sublevación, y muchos clasificaban aquello de locura y condenada al fracaso.

 

Da su primera misa en las montañas de la Sierra Maestra el 26 de julio de 1957. Se desempeña como capellán del Ejército Rebelde. Fidel le encomienda enseñar a leer y escribir a los campesinos de la zona y a los miembros de la fuerza guerrillera.Siempre realizó labores de alfabetización a los campesinos y a los miembros de la fuerza guerrillera, realizaba misas, bautismos, casamientos, confesaba y comulgaba a los creyentes que lo solicitaban, como también curaba heridos y consuelos religiosos a heridos graves.

 

En aquellos tiempos, muchos combatientes de la Sierra tenían rosarios, cruces, imágenes religiosas y necesitaban los consejos espirituales del padre Sardiñas. Su incorporación a los combatientes motivó y provocó un estímulo redentor y de esperanza triunfadora, no solo entre la fuerza rebelde, si no en la opinión pública cubana e internacional.

 

Estuvo durante 18 meses en la Sierra Maestra como capellán del Ejército Rebelde, hasta el triunfo definitivo. Jamás combatió con el fusil. “No es difícil imaginar cómo transcurrió su vida de campaña en el Ejército Rebelde. Cuánto sufrimiento en alguien de tan pocas condiciones físicas para una existencia precaria en tan inhóspitos parajes, sumado a las privaciones y a las permanentes marchas y contramarchas a que obliga la guerra de guerrillas…”. Hizo su cuerpo fuerte al frío, al calor, a la lluvia, y cuando surgía un problema, en su conciencia no había excusa para la duda. Su sola presencia tranquilizaba y los problemas se hacían más pequeños con su apoyo.

 

Después del triunfo de la Revolución se reincorporó al trabajo eclesiástico. Se mantuvo oficiando en la iglesia del Cristo Rey, en la calle Ermita, entre San Pedro y Lombillo, en Municipio Plaza de la Revolución, La Habana.

 

Fue capaz de vivir plenamente el Evangelio sin dejar de cooperar en otras tareas que le asignaban. Nunca renunció a sus principios religiosos por simpatizar con la Revolución.Vestía una sotana color verde olivo; fue diseñada para él, por Camilo Cienfuegos, quién sugirió que se le asignara el grado de comandante, máximo rango militar del Ejército Rebelde.

 

Siempre estuvo a favor de la Reforma Agraria, consideraba que los campesinos tenían todo el derecho de trabajar y ser dueño de un pedacito de tierra. Esto fue su sueño desde su inicio de sacerdote, que predicaba que la tierra era para el que la trabajaba; y no para aquellos que la mantenían improductiva o daban trabajo ocasionalmente en época de zafra; mientras la mayor parte del año, los campesinos languidecían en la pobreza que consumían en sus pobres bohíos de pisos de tierra, lleno de parásitos, faltos de higienes, de alimentos básicos y otras necesidades para toda la familia.

 

Sus opiniones a favor de la Reforma Agraria, a la Campaña de Alfabetización, al Comité de Solidaridad con Viet Nam del Sur y el apoyo a la expulsión de los sacerdotes que participaban en actividades en utilizar la religión en contra de las conquistas logradas. La actitud de Sardiñas fue criticada por una mayoría clerical, se ganó la enemistad de muchos de sus colegas eclesiásticos, que algunos llegaron solicitar a Monseñor Evelio Díaz, que sancionara al padre Sardiñas y pidiendo su renuncia al sacerdocio o lo expulsara.No concebían que un sacerdote pudiera descuidar el oficio diario de la misa a estar dedicado a otras tareas y él se salía del perfil oficial del cura. Tuvo que convivir con duras críticas de la iglesia más reaccionaria del momento.

 

No obstante, otros sacerdotes católicos como el padre Lence y el padre Ángel (navarro) lo apoyaron. Lence fundó la organización “Con Dios y con la Patria” donde se integraron los católicos revolucionarios y era la contra parte de la organizada con el clero burgués “Con Dios todo, sin Dios nada”. Esto era al inicio de la década de los años 60.

 

El padre Sardiñas muere cuatro años después del triunfo revolucionario, el día 21 de diciembre de 1964; estaba ingresado por padecer de una hipertensión crónica en el Hospital Piti Fajardo. Este día pidió permiso para oficiar una boda en la parroquia del Cristo Rey, los médicos se opusieron, pero logra marcharse. Esa misma tarde falleció. Hasta su último día ejerció humildemente su ministerio sacerdotal.

 

Falleció demasiado joven, no había cumplido los 48 años, como los grandes mitos, sus hechos y decisiones encarnaron la esperanza de los más desfavorecidos. Los que lo conocieron, la sola mención de su nombre despierta aún en mucha gente una fuerte sensación de nostalgia, Consiguió hacerse querer por todos sus compañeros y por muchas familias humildes, conociendo a todas y todos por sus nombres y apodos.

El Grupo de Reflexión y Solidaridad “Oscar Arnulfo Romero” (OAR), en homenaje del 50 Aniversario de su fallecimiento, mantiene su interés de dar a conocer la obra de quienes como el padre Sardiñas fueron fieles a su fe y a su compromiso con el pueblo. También en la Casa del Alba Cultural se reunieron investigadores y sacerdotes para hacer un recuento de su vida. Todos destacaron la fuerza de sus convecciones y su espíritu luchador contra la injusticia. Fue un hombre que siempre dio la cara por los más humildes.

 

Era profundamente guiterista y martiano; dedicó toda su vida a defender a los más humildes y esta identidad del verdadero cristiano que sin renunciar a su compromiso evangélico, lo obligó a comportarse como un verdadero patriota. Sus ideas eran claras y firmes, y a medida que afianzaba su compromiso con los trabajadores y explotados, más se entregaba a su servicio.

 

Monseñor Fernando Prego, obispo de Santa Clara, afirmó que el padre Sardiñas “logró compaginar las dos cosas y vivirlas a plenitud. No dejó de ser cura para ser revolucionario, ni dejó de ser revolucionario por ser cura”.
Fue un hombre sinceramente religioso, cristiano y humano. Su forma de hablar, de expresarse y de actuar, se apreciaba que era una persona sensible y modesta que atendía y ayudaba a todos, sin distinción de quienes eran.Allí donde había un enfermo, un necesitado o un problema, siempre estaba presente y disponible para arreglar problemas de cualquier asunto.

 

Si lo hacía con bastante frecuencia antes del triunfo revolucionario, después no le alcanzaba el tiempo para seguir prestando sus servicios de quienes los necesitaban.

 

Era muy discreto, constante, tierno, inteligente, solidario, humano. Esto hacía ganarse la confianza de cualquier persona. Convirtió su casa, la iglesia y la sacristía en un centro de actividad permanente; siempre lo había hecho y en los últimos años de su vida, más.

 

El sacerdote comandante, se adelantó a su época; ya que sin saberlo, fue precursor de una corriente social humanista no solo en América Latina y conocida como Teología de la Liberación; además, sin pretenderlo, se convirtió en el eslabón entre el cura Hidalgo y el sacerdote Camilo Torres. También, fue faro y luz para otros sacerdotes de la transición española.

 

El padre Sardiñasestaba muy al tanto del desarrollo del Concilio Vaticano II, que en uno de sus fines era la adaptación eclesiástica a las necesidades y métodos de nuestro tiempo. No pudo rebasar su clausura que fue en 1965.

 

Marcó un tiempo, dejando huella en la historia de Cuba, en toda Latinoamérica y Europa.